Hoy se enfrentan México y Estados Unidos en el inicio del hexagonal final rumbo al Mundial de Rusia 2018 en Columbus, Ohio.

Esto representa la gran oportunidad para que la selección azteca mejore su imagen con la que ha iniciado su participación en este clasificatorio, en los que la exigencia, además de transmitir tranquilidad, es mantener su liderazgo en la zona.

Más allá de lo futbolístico entre estas dos selecciones, existe un condimento especial que le dan un toque morboso al partido: el reciente triunfo de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos.

Tanto en medios impresos como portales de internet y redes sociales, se habla de callarle la boca y vengarse de él, un foco en el que, desde mi perspectiva, se ha gastado mucha energía.

 

¿Cómo ganará, entonces, la imagen de México con la selección?

Más allá del resultado, México, sus aficionados, jugadores, cuerpo técnico y directivos, tienen en sus manos la histórica oportunidad de no caer en el juego de Trump. Violencia genera más violencia, ese no debería ser el camino.

México hoy debe dar un golpe de autoridad, es el reflejo de miles de sueños, anhelos y esperanzas de miles de connacionales que desean ver a un México que progresa independientemente gracias a la unión de todos los mexicanos, y no tanto por un presidente y sus gobernantes.

La selección mexicana hoy no puede equivocarse en construir un muro con ladrillos de odio, rencor, miedo, violencia, frustración, al contrario, tiene que que comenzar desde ya a derribar ese muro demostrando la cara opuesta: la del perdón, amor, valor, valentía y tranquilidad.

Hoy México puede ser el gran ejemplo para el mundo, un ejemplo de esfuerzo, lucha, perdón y entrega, desmarcándose del mundo actual el cual está dominado por la preocupación, intolerancia, miedo, rencor y violencia.

 

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