La FIFA no está para “bollos”. Los casos de corrupción que golpearon severamente la imagen y reputación del organismo rector, tienen al futbol, sus asociados, actores y demás, contra las cuerdas.

Ser acusado (o descubierto) de corrupción es muy grave para la credibilidad y confianza de personas o instituciones, pero resulta más peligroso no tener un plan eficiente para manejar ésta crisis en donde la prioridad sea comunicar qué se está haciendo y cuándo se hará.

¿Qué se puede aprender de éste escándalo como persona y/o institución?

1. Contar con un departamento de comunicación o, en su defecto, acercarse a especialistas con conocimientos deportivos. (zapatero a tus zapatos)

2. Anticiparse a futuras crisis que pongan en entredicho el prestigio, el honor, la reputación y la carrera.

3. NO repartir culpas ni buscar culpables (la verdad siempre saldrá a la luz)

4. Transparentar procesos como contrataciones y ventas de jugadores, derechos de televisión, entre otros, que puedan malinterpretarse (o ser vistos corruptos)

5. El dinero no es la solución (podrá servir para tapar hoyos de momento pero nunca resolverá el problema de raiz)

Todo aquel que decida “purificar” su imagen, no será visto como uno más que hizo trampa o que “tapó” cosas, al contrario, será percibido como un modelo a seguir que ha puesto el ejemplo para mostrar que también se pueden hacer y construir muchas cosas en un deporte que cada vez más se ha visto sobrepasado por el negocio.

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