Más ademanes que palabras, más aparente tranquilidad que desesperación, más madurez que soberbia… Una identidad deportiva de semblante serio, de sólido liderazgo pero que por momentos lo vuelca a la indisciplina.

Rafa Márquez: El hombre de la barba cerrada, pocas sonrisas, mirada analítica y estilo moderno con el que proyecta una imagen dominante, sofisticada y de autoridad.

Su personalidad se ve expuesta en dos facetas, dos rostros, dos comportamientos que chocan entre si:

– Rafa Márquez el líder, el experto, el formador, el maestro, el responsable de entregarle a Héctor Moreno o Diego Reyes la estafeta generacional.

– Rafa Márquez el indisciplinado, el vulnerable, el que pierde la cabeza fácilmente, el que por sus conductas afecta el resultado de la selección, el que pudiendo redondear la confianza que transmite a la afición, por momentos, parece un novato haciéndose expulsar tontamente, provocando dudas y preocupación.

Es cierto que en los últimos años ha fortalecido su identidad deportiva enfocándose en una admirable labor altruista y en la ayuda a los más necesitados. Sin embargo su trabajo no acaba ahí, con buenas intenciones, en las ganas de hacer algo por otros, si no en el ejemplo y testimonio que da con sus comportamientos dentro y fuera de la cancha.

Como capitán de la selección busca devolverle a México su liderazgo y carácter, el que han demostrado otras categorías inferiores al coronarse campeones del mundo.

Rafa Márquez estará jugando su último mundial, su imagen podría posicionarse y confirmarse como el gran lider que parece, o despedirse por la puerta trasera reforzando su imagen indisciplinada y que acabó por “enterrar” a la selección mexicana.

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