Es la sencillez en los buenos y malos momentos. Es la personalidad futbolística más conciliadora que se ha ganado enemigos en los últimos tiempos. Una identidad deportiva que se aferra a defender su estilo con corazón valiente.

Titular en la portería o en el banquillo de suplentes, Iker representa la tolerancia al fracaso y la aceptación al cambio que todo futbolista debería tener. En el futbol no hay indispensables.

Las decisiones de unos pueden impactar en los resultados y el sufrimiento porque las cosas no se den como se desea puede ser gigante y esto puede orillar al jugador a pensar en lo peor: a darse por vencido y a cambiar de club con tal de huir de esta situación, pero muchas veces en la fidelidad a los principios y valores, y en la lealtad al equipo, se demuestra la grandeza de una persona.

Iker Casillas es un guardameta que evidencia honestidad y transparencia con sus palabras, demostrando que la humildad no está peleada con la trayectoria profesional:

‘Bueno lo he dicho antes, ehhh, creo que a veces hay que competir y la competencia es buena y a mi me encantaría, trabajo para ello, compito para ello’

Su comunicación no verbal en algunas entrevistas revela el estado natural y puro de sus emociones: luce algo intimidado, experimenta algunas dudas, se ve incómodo y nervioso, sin embargo, después de algunos minutos modifica su sentir y se percibe mucho más confiado y más relajado.

La apariencia personal de Iker nos aporta mayores elementos sobre su personalidad y revela los mensajes de su imagen deportiva: cercanía, bienestar, simplicidad aunque a veces da la impresión de ser “demasiado” informal en su forma de vestir.

Casillas tiene una imagen personal muy práctica. Siempre se le ha visto con el mismo peinado y estilo de barba, y si a esto le sumamos el carácter que tiene, en conjunto da la impresión quitarse años de encima y ser jovial, lo cual es una ventaja más que una desventaja.

Iker Casillas es una identidad deportiva sabedor de su valía que quiere que todo Brasil hable en español.

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