Futbolistas, entrenadores, representantes, directivos y comentaristas deportivos siempre están expuestos a la crítica. Unos en mayor cantidad, otros en menor, todo depende de su nivel y frecuencia con la que se exponen públicamente.

Para la Real Academia Española (RAE) la definición de crítica es: “Es el examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente”

La crítica no es mala, sin embargo, cuando se vincula a la autoestima puede ser muy peligrosa, por lo que siempre hay que estar preparados para esperar lo peor haciendo lo mejor.

Es cierto que muchas veces la crítica puede desvirtuarse y caer en el insulto o faltas de respeto pero, entonces, ahí deja de ser crítica ya que quien lo hace no tiene la capacidad de haber examinado previamente su juicio.

La crítica ayuda a mejorar y perfecciona, ese es un buen camino pero si solamente la enfocamos en escuchar lo que queremos, entonces, estamos teniendo una ceguera que nos puede llevar a perder el piso y nos acercará peligrosamente a un precipicio.

Si se decide estar en medios de comunicación como comentaristas deportivos, o como futbolistas, entrenadores, representantes o directivos, es por demás importante estar abiertos y conscientes que las críticas vendrán por si solas.

Si has desarrollado un estilo original, único y acorde a tu personalidad, ¿por qué perder la confianza en ti cuando te critican? ¿Por qué molestarse? Si ese es tu caso, estás vendiendo una imagen vulnerable y que fácilmente se derrota.

Hay que cambiar la mentalidad y ser ecuánimes ante la alabanza o la critica. Hay que dejar de tomar las cosas muy personales y confiar, confiar y confiar en lo que somos y hacemos.

La realidad es que no a todas las personas les tenemos que agradar. Vivimos en un mundo lleno de percepciones, opiniones y los comentarios van y vienen, no son definitivos.

La imagen deportiva es una herramienta que refleja el rostro real de toda aquella persona que haga algo vinculado al deporte y tenga exposición pública. Vivir mostrando dos caras, o jugando a ser la persona y el “personaje”, merma la seguridad y confianza personales y eso se evidencia en el lenguaje corporal.

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