En términos generales, José Mourinho tiene una de las identidades deportivas más efectivas en los últimos años. Su personalidad polémica y su imagen odiada le han asegurado una lugar en la historia del futbol.

Es posible que Mourinho no tenga ciertas habilidades, quizá carezca de tacto para relacionarse con la prensa, pero es un hecho que ha sabido comunicar la estrategia y mensajes de su imagen deportiva, las cuales se convierten en fortalezas que hoy en día lo posicionan como uno de los mejores entrenadores del mundo.

En su paso por el Porto y en su primera fase como director técnico del Chelsea, demostró su capacidad como entrenador, sus resultados le hicieron ganar fama pero hasta que pisó Milán y sobreotodo Madrid vimos la verdadera cara del entrenador luso.

Justamente en el Real Madrid es donde vimos a un Mourinho que perdió el control de su imagen. La presión, todo lo que rodea al equipo, la prensa, los jugadores, la afición, pudieron ser algunas de las causas de su comportamiento dejándonos claro que, en este caso, el fin no siempre justifica los medios.

En el equipo blanco desgastó su imagen y la relación que tenía con sus jugadores, cayó en contradicciones en sus declaraciones que le traicionaron y golpearon en su imagen al interior del equipo. Esa es la percepción que deja al salir del equipo.

La imagen de Mourinho necesitaba un poco de oxigeno y un cambio de aires que recuperaran su imagen golpeada. Una segunda etapa en Chelsea se veía como la mejor opción para ambos, ya que el entrenador ya no la pasaba bien en Madrid y el Chelsea tampoco la estaba pasando bien.

Y es que Chelsea es a Mourinho lo que Mourinho es al Chelsea. El mejor lugar donde el entrenador puede estar es la banca azul, donde se le ve sonriente y relajado, con más control en su imagen y mejor relación con sus jugadores y la afición.

Del Mourinho del Madrid al Mourinho del Chelsea hay una diferencia. La esencia sigue siendo la misma pero, sin duda, su experiencia en España parece que le dejaron buenos aprendizajes en su imagen para darle un rumbo más fijo a su imagen como entrenador.

El mundo de Mourinho no cabe duda que es azul. Le sienta bien y lo proyecta en cada paso, en cada sonrisa y en cada gesto que tiene, lo cual alimenta su imagen polémica y odiada.

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