Hay entrenadores fríos y otros más emotivos. Hay quienes gritan, brincan, saltan y mueven las manos desesperadamente, mientras otros que ni siquiera la alegría de un gol parece afectar su lenguaje corporal.

Víctor Manuel Vucetich es el hombre que inesperadamente, en el momento menos pensado para él y para nosotros, comandará a la selección, intentándola calificar directo al Mundial gracias a una combinación de resultados o, como última instancia, jugar el repechaje contra Nueva Zelanda.

“Víctor” viene del latín que significa vencedor y su nombre tiene además una naturaleza emotiva en la cual los “Víctor” aman la experiencia, el saber y la evidencia. Gustan de sentirse retribuidos, buscar la comprensión de otros y son más cerebrales que emotivos.

La personalidad de Vucetich atrae amigos y enemigos; su imagen de líder está enfocada en resolver problemas y en escuchar más que hablar, y este perfil puede venirle bien a jugadores que han perdido el piso en el equipo tricolor.

Víctor es un ejemplo de cómo hay que comportarse frente a medios de comunicación y en la vida personal, que no deja de ser de interés para todos. Hay que ser tranquilos, mesurados, y cuidar lo que se dice y cuándo decirlo, asumiendo siempre responsabilidad.

Una de sus grandes ventajas es que es una persona conciliadora, humilde y tranquila, un buen acierto que le viene bien a la selección, que lo que más necesita, asegurándose de crear un ambiente donde reine la calma.

El desacierto de Víctor es que por su personalidad poco expresiva se le ve falto de carácter. Difícilmente uno imagina a un seleccionador nacional sin carácter, con poca presencia y de perfil bajo.

Víctor Manuel Vucetich es una identidad deportiva que puede aprovechar la oportunidad como seleccionador nacional de futbol para dejarnos claro que su liderazgo e imagen deportiva dan resultados, sobretodo en el corto plazo.

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