En los terrenos de la imagen deportiva, todo jugador profesional debe conocer y respetar su personalidad, saber quiénes son sus públicos y el mensaje que desea comunicar a ellos.

Lo anterior queda mejor expresado en los casos de Javier “Chicharito” Hernández y Cuauhtémoc Blanco. Dos extraordinarios futbolistas sabedores que su identidad deportiva es un ingrediente vital para destacar en el escenario futbolístico.

¿Qué hay entorno a la imagen e identidad de cada uno?

“Chicharito” nace en Guadalajara, ha vivido siempre cerca de su familia y no le interesan los escándalos y la farándula. Buen comportamiento dentro y fuera del terreno de juego. Su imagen deportiva se asocia a un hombre bien portado.

“Cuau” nace en el barrio de Tlatilco y después vive en Tepito. Conocido por sus romances con estrellas del espectáculo. Comportamiento polémico tanto dentro como fuera de la cancha y suspensiones. Su imagen deportiva se asocia a un hombre grosero y mal portado.

La imagen deportiva es percepción

Hace unos meses, Cuauhtémoc Blanco recibió el Premio nacional de Imagen Pública como mejor deportista, nombramiento que fue muy discutido ya que algunos comentaban que no era justo, ya que el ganador absoluto debería ser “Chicharito” Hernández que porque les caía mejor y además está triunfando.

Aquellos que piensan así tienen razón pero no podemos comparar a uno con el otro. Esto es un mero asunto de percepción. Veamos:

El ex chiva va comenzando su carrera y lleva un ritmo ascendente, proyecta alegría cuando juega y tiene mucho carisma que lo hace ver con una imagen accesible, mientras que el ex americanista, quien está cerca del retiro, comunica enojo ya que casi siempre se le observa jugando con el ceño fruncido, reclama y hace berrinches, lo cual lo hace ver con una imagen más ruda.

Lo anterior no quiere decir que la imagen del “Chicharito” sea mejor que la del Temoc, la imagen deportiva siempre es relativa. No es ni buena ni mala, todo depende de la forma en cómo los demás perciben su imagen, y ahí resulta interesante ver cómo los dos han sido igual de eficientes y fieles a su personalidad, y más allá de la venta de playeras y la mercadotecnia, ambos se han convertido en ídolos del deporte nacional.

Si le pidiéramos al Chicharito que se porte mal y se convierta en una figura polémica y mediática, en ese momento rompería con su identidad y la imagen que se ha creado en torno a él como hijo de familia, rodeado de su familia, carismático, etc.

Y si le pidiéramos al “Cuau” que ya se porte bien y se convierta en un jugador tranquilo, alejado de escándalos, también rompería con su identidad y la imagen que se ha creado en torno a él como un hombre de barrio, grosero, berrinchudo, etc.

He ahí la clave, el futbolista mexicano no debe ser ni tan Chicharito, ni tan Cuauhtémoc. Debe ser fiel a lo que es y definir bien su identidad e imagen, así como sus estrategias. Si intenta copiar un modelo exitoso difícilmente construirá una reputación creíble.

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